Enfermería vs Farmacia

Según las últimas informaciones publicadas en medios especializados, se ha alcanzado un acuerdo entre el Colegio de Enfermería, el Sindicato de Enfermería SATSE y el Colegio de Farmacéuticos de Madrid, para prescindir de cualquier referencia a la actividad de atención farmacéutica (AF) domiciliaria en la nueva Ley de Farmacia de Madrid, que actualmente se está tramitando.

El Proyecto de Ley de Farmacia de la Comunidad de Madrid en su artículo 8.2k) establece que “como garantía de accesibilidad a los medicamentos y productos sanitarios de aquellos pacientes en situación de vulnerabilidad sanitaria y mayores dependientes, las oficinas de farmacia podrán realizar actividades de atención domiciliaria relacionadas con el seguimiento farmacoterapéutico de los mismos”.

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Este artículo es la causa de la polémica surgida en el colectivo de Enfermería y que ha desembocado en el rechazo más absoluto al referido Proyecto de Farmacia, generándose un enfrentamiento directo entre los diferentes profesionales, que parece ser ha concluido con el veto a la incorporación en la nueva Ley de Farmacia de esta actividad, en aras de permitir su aprobación y desbloquear la situación existente.

Desde el colectivo de Enfermería se han venido desarrollando una serie de actuaciones contra la farmacia comunitaria, ya que considera que la incorporación en la nueva Ley del servicio de atención farmacéutica domiciliaria supondría la privatización de la asistencia sanitaria pública, universal y gratuita.

Incluso por parte de este colectivo se ha llegado a denunciar la existencias de injerencias así como el “intrusismo profesional” que supondría esta nueva ley, en la labor de los médicos y de la enfermería de los centros de salud de atención primaria, que según argumentan tiene claramente asignadas y definidas estas competencias en su trabajo habitual dentro de su cartera de servicios.

Por supuesto que todas las opiniones son respetables, pero desde nuestra perspectiva, en absoluto compartida, pues la postura del colectivo de Enfermería significa desconocer por completo la importante labor del farmacéutico comunitario desde la oficina de farmacia, como verdaderos expertos en el medicamento, ya que debemos tener presente que el farmacéutico es el primer eslabón de la cadena sanitaria y que además está perfectamente cualificado profesionalmente para ofrecer un servicio de atención farmacéutica al paciente, sea en su propio establecimiento o en el domicilio del paciente, cuando concurrieran circunstancias que lo aconsejen y por supuesto siempre desde el respeto al trabajo de otros profesionales sanitarios.

Si el farmacéutico en la actualidad es competente para realizar una dispensación informada, aconsejando e instruyendo al paciente sobre la correcta utilización del medicamento, así como para confeccionar perfiles farmacoterapéuticos que permitan la vigilancia y control del uso individualizado de los medicamentos, que le permitan detectar duplicidad de tratamientos, errores en la prescripción e interacciones entre medicamentos y para elaborar SPD, entre otras actividades, ¿por qué no puede desarrollar estas funciones en el domicilio del paciente que por sus especiales necesidades de atención farmacéutica así lo requieran?

El envejecimiento de la población es un dato incuestionable y que nos plantea un escenario de una población de avanzada edad, lo que se traduce en un perfil de paciente polimedicado, crónico y en situación de vulnerabilidad sanitaria. Por otro lado, es una realidad que una adecuada atención sanitaria a este sector de la población requiere de suficientes recursos y sin embargo, somos conocedores de la saturación y desbordamiento de los centros de salud de atención primaria y de la falta de medios y recursos suficientes para los profesionales, médicos y enfermeras, de esta área.

Pues bien, en este contexto ¿por qué no podría concertarse con la oficina de farmacia la prestación de este servicio para así dar cobertura a las necesidades sanitarias y farmacéuticas de estos pacientes? Al fin y al cabo, se trata de un trabajo que si se realiza en la propia oficina de farmacia no es cuestionado por colectivo alguno ni calificado de intrusismo profesional.

En definitiva, la atención farmacéutica domiciliaria es una necesidad y no excluye la participación del resto de profesionales sanitarios (médicos y enfermeras) por lo que debe abogarse por una colaboración y coordinación entre todos y por supuesto desde el respeto al trabajo de cuantos profesionales sanitarios intervienen, por lo que si ahora no ha podido ser, confiemos en que pronto se convierta en una realidad.

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